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¿SIN PENE (DE X MEDIDA) NO HAY PARAÍSO?

  • Foto del escritor: Martín Angeles
    Martín Angeles
  • 27 nov 2025
  • 4 Min. de lectura

Centímetros más, centímetros menos, la preocupación por el largo (que no el ancho) del pene es una cuestión que aqueja quizá a miles de hombres. No se sabe exactamente a cuántos les acongoja este asunto, pero lo que sí podemos saber es qué importa en la vida erótica masculina, gracias al médico sexólogo mexicano David Barrios Martínez, sexólogo, quien en su libro "Resignificar lo masculino", enlista las que suelen mencionar los hombres que atiende.


Si eres una persona con pene, lee con atención y ve si coincides (juro que no le digo a nadie )

1. Asumen que todo lo erótico sólo tiene que ver con la utilización del pene.

2. Están preocupados por dar placer a la otra persona.

3. Privilegian la penetración como única forma válida y eficaz de “tener relaciones sexuales”.

4. Evocan sus “fracasos” en relaciones sexuales anteriores.

5. Temen por el tamaño de su pene y su capacidad de erección.

6. Omiten o minimizan las caricias y las palabras antes de llegar al coito.

7. Tienen urgencia del coito.

8. Muestran ansiedad durante el encuentro erótico y hacen todo rápido para poder ser “eficaces”.

9. La fluidez de sus emociones durante el encuentro sexual se interrumpe por su auto observación, eso les hace convertirse más que en actores de su desempeño, en espectadores del mismo.

10. Penetran apresurados, sin pausa ni cadencia, por lo que es común que eyaculen de forma inoportuna, sin control voluntario.


¿En cuántas coincides? Si observamos, todo tiene que ver pene: con su tamaño, su capacidad de erección o con utilizarlo bien en el momento preciso. En resumen: parece que sin pene no hay sexo placentero posible y tampoco se puede tener con cualquier pene, sino con el que tenga las medidas perfectas. Pero ¿en serio existen?


En este texto no hallarás ningún estimado en centímetros. Lo siento. Reproducir números, que encuentras fácilmente en cuanto le preguntas a un buscador en la web o a la IA, sólo abona al imaginario de que hay penes mejores que otros, que ello depende de la raza, la edad o hasta del tamaño de la nariz o las manos. La ciencia le ha dedicado varios estudios al asunto. Incluso se han entretenido en buscar la manera más exacta de medirlo, pues se han dado cuenta que en los estudios en los que piden a los participantes que ellos mismos midan su pene, suelen hacerlo mal. Otra “traba” para saber con exactitud cuánto debe medir el pene “perfecto” es que lo miden con erecciones provocadas con fármacos y no por la excitación producto del deseo.


Me pregunto qué será más útil: entretenerse en hallar la forma más exacta para medir penes y luego divulgar las características de largo y ancho de “los mejores”, o debiéramos quitarle protagonismo a ese órgano en la vida erótica de los hombres. ¿Tú qué crees

?

De seguir midiendo y comparando penes nos enfrentamos a otras preguntas: ¿Mejores para quién o para qué? ¿Para las mujeres u hombres que tienen encuentros eróticos con las personas con pene? ¿Un pene más largo da mejor placer? ¿Es mejor más ancho que largo o, aunque sea largo, si es angosto, no “sirve”?


Ante todas las penas que provoca el tamaño del pene, creo que lo mejor es quitarle protagonismo. Piensa desde cuándo empezaste a hacer de él tu carta de presentación. Puede ser que desde antes de tener tu primer encuentro sexual, al comparar su tamaño con tus amigos de la escuela o cuando asumiste que en él radicaba tu “hombría” y que entre más lo usaras como veías en la pornografía, poco a poco te convertirías en un amante que podría satisfacer a cualquiera.


Quedarse al margen del simbolismo que el pene tiene en la sociedad no es sencillo. ¿Cómo no le hago caso si es lo que me hace ser hombre? Sin duda puede ser difícil aprender a extender las posibilidades eróticas al resto del cuerpo, pero no imposible.


Uno de los primeros ejercicios que sexólogos recomiendan a hombres para “desgenitalizar” el encuentro sexual es tener un encuentro donde el pene no intervenga. No es que propongan que lo corten o lo envuelvan para que no lo vean, sino que no lo utilicen.


¡¿Pero entonces?! Calma… Lo puedes sustituir por tus manos, dedos, lengua, labios y por cualquier otra parte de tu cuerpo que a lo mejor nunca has utilizado en este contexto. -- ¿Y si tengo una erección y tengo ganas de usarlo? -- Puedes respirar profundo para recuperar un poco la calma y después, continuar usando todo tu cuerpo ¡menos el pene!


Por supuesto que puede que no te salga a la primera, pero conforme lo sigas practicando, verás que reconocerás otros rincones corporales que también te pueden dar placer.


No se trata de nunca volverlo a usar, claro que no, sino de quitarle al pene el papel principal. Es sólo una idea para hacerle la guerra a ese peso impuesto socialmente que tanto ha limitado la vida erótica masculina.”


Texto: Gina Montalvo, Asociación Mexicana para la Salud Sexual, A.C. (Amssac). Publicado en 2022, en la revista electrónica Larousse Magazine 

Imagen: Diseño Adam Regester


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